


Caro me prestó su casa los días que estuve paseando por Buenos Aires. Fue un punto clave en la manera de moverme y sentir la ciudad.
Un sábado por la mañana sonó el timbre, una vez, dos veces, la tercera decidí levantarme y averiguar el por qué de tanta insistencia.
"Me odiás, lo siento, es sábado por la mañana y yo venga a llamar a la puerta". Era la vecina, que tras aclarar el punto de que yo no era Caro pero que podía ayudarla en lo que me dijera me pidió que dejara pasar al albañil que tenía que hacer una reparación en su fachada y no querían manchar la terraza trasera de la casa.
"Si necesitás cualquier cosa, vivo en el segundo A, A de ansiosa, A de Alicia".
Divina.

3 comentarios:
Qué gonito es Palermo, oye...
Eslo eslo.
Y mirá, era fundamental arreglar el asunto
Publicar un comentario en la entrada